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La palabra biomasa
corresponde a la abreviatura de masa biológica. La biomasa
es la cantidad de materia viva que se ha producido en un área
determinada de la superficie terrestre o que ha sido producida por
organismos de un tipo específico.
El término es utilizado
con mayor frecuencia en las discusiones relativas a la energía
de biomasa, es decir, al combustible energético que se
obtiene directa o indirectamente de recursos biológicos. Así
pues, se trata de un combustible de origen biológico, natural,
totalmente respetuoso con el medio ambiente y con un coste muy
inferior al de cualquier tipo de energía de origen fósil.
Se puede utilizar cualquier tipo de
residuo de madera como la corteza del árbol, la poda triturada
de los mismos o las ramas procedentes de la limpieza forestal, así
como huesos de aceituna, cáscaras de frutos secos, etc. Lo que
convierte a la biomasa en una fuente de generación de empleo, a la
vez que disminuye la dependencia energética del exterior.
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En España, tradicionalmente, se ha
utilizado este tipo de combustible (hueso de aceituna, cáscara de
almendra…) en las industrias que lo generan como subproducto. No
obstante, la producción de ACS y de calor para calefacción
con biomasa está cobrando cada vez más importancia en nuestro país,
lo cual no es de extrañar cuando países como Austria o Alemania
llevan más de 30 años utilizándola.
Utilizar la biomasa como
combustible es un recurso renovable ya que se produce a la
misma velocidad del consumo, siempre y cuando el consumo sea
controlado y se evite la sobreexplotación de los recursos
naturales. A diferencia de los combustibles fósiles, la biomasa es
respetuosa con el medioambiente, ya que no emite gases de efecto
invernadero de forma incontrolada. Cuando se combustiona, la
biomasa libera CO2 a la atmósfera, el mismo CO2
que absorbió de ella durante su crecimiento, si se trata de materia
orgánica vegetal, o que absorbieron las plantas que ingirió, si se
trata de materia orgánica animal. Si se consume de manera
sostenible, el ciclo se cierra y el nivel de CO2 a la atmósfera
se mantiene constante, de forma que su utilización no contribuye a
generar el cambio climático. |